La Pobre viejecita

by | May 27, 2021

La Pobre viejecita

érase una pobre viejecita 

sin nadita que comer

sino carnes, frutas, dulces

tortas, huevos, pan y pez.

 

Bebía caldo, chocolate, 

leche, vino, té y café,

y la pobre no encontraba

qué comer ni qué beber.

 

Y esta vieja no tenía

ni un ranchito en qué vivir

fuera de una casa grande 

con su huerta y su jardín.

 

Nadie, nadie la cuidaba

sino Andrés y Juan y Gil

y ocho criadas y dos pajes

de librea y corbatín.

 

Nunca tuvo en qué

sentarse

sino sillas y sofás

con banquitos  cojines

y resorte al espaldar.

 

Ni otra cama que una

grande

más dorada que un altar, 

con colchón de blanda

pluma, 

mucha seda y mucho

holán.

 

Y esta pobre viejecita 

cada año, hasta su fin, 

tuvo un año más de vieja

y uno menos que vivir.

 

Y al mirarse en el espejo

la espantaba siempre allí

otra vieja de antiparras,

papalina y peluquín.

 

y esta pobre viejecita 

no tenía qué vestir

sino trajes de mil cortes

y de telas mil y mil

 

y a no ser por sus zapatos, 

chanclas, botas y escarpín,

descalcita por el suelo

anduviera infeliz.

 

Apetito nunca tuvo

acabando de comer

ni gozó salud completa

cuando no se hallaba bien.

 

Se murió de mal de

arrugas, 

ya encorvada como un tres

y jamás volvió a quejarse

ni de hambre ni de sed.

 

Y esta pobre viejecita

al morir no dejó más

que onzas, joyas, tierras,

casas, 

ocho gatos y un turpial.

 

Duerma en paz, y Dios

permita

que logremos disfrutar

la pobreza de esa pobre

y morir del mismo mal.

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